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Blog de ORACIÓN JUVENIL. Si eres creyente, encuéntrate con Dios cada día. Si no lo eres, búscalo y Él te encontrará. Puedes comentar tus impresiones.

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sábado, 30 de marzo de 2019

ME LEVANTARÉ


REZA Y COMPARTE JUVENIL

 ME LEVANTARÉ 


GUÍA DE ORACIÓN JUVENIL  31-03-19

GUÍA: Estoy aquí, Padre Dios. Todo es sencillo ante tu presencia. Tu luz hace claras todas las cosas. Deja que te conozca, que tu sabiduría impregne mi alma y la haga capaz de transparentar tu misericordia, tu bondad y tu presencia. Caminamos contigo, con Jesús tu Hijo y con el Espíritu  para recorrer este camino que nos presentas para nosotros y para la humanidad de estos tiempos. Todo es posible para ti y la marcha de la humanidad se va realizando con entusiasmo y con sufrimiento. Haz el camino con tus hijos, completa la obra de tus manos. SILENCIO DE TOMA DE CONCIENCIA DE NUESTRO SER, DE TU SER, Y DE LA UNIÓN CONTIGO.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):

Hermanos: Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo .
Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de  nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. 

GUÍA: Me levantaré! En Cristo somos criatura nueva, reconciliados contigo, Padre, por medio de Jesucristo. Dejarnos reconciliar contigo lleva la trayectoria de amor, de perdón, de la muerte y resurrección de Jesús. Que nos abramos a tu misericordia y recibamos el amor de Jesús encarnado, muerto y resucitado para salvarnos. Levantarse de las caídas, del pecado, de la huida del Padre.  En el silencio nos damos cuenta de nuestros comportamientos. ¿Cómo respondemos?  SILENCIO DE CONVERSIÓN, DE PERDÓN Y CAMBIO.


Del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):


En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
- «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: - «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,  se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. "
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, " Pero el padre dijo a sus criados:
"Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."
El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado"».

GUÍA: Me levantaré! Volveré hasta mi padre. Muchas vueltas sobre nuestros pasos para alejarnos y muchas vueltas para volver a ti, Padre. Nuestras acciones a veces son negativas, malgastamos nuestros talentos, no cumplimos con tus deseos para nosotros y para nuestros hermanos.  Reflexionamos, agradecemos tus dones y pedimos perdón por el tiempo perdido o derrochado en el mal. Queremos volver a ti, danos tu fuerza para rehacer la vida que nos regalas cada día. SILENCIO DE DECISIÓN, DE OFRENDA, DE AGRADECIMIENTO

RECOGEMOS NUESTROS SENTIMIENTOS Y ORACIÓN. UNA FRASE NOS AYUDA A RECORDARLA

CALLAMOS, ESCUCHAMOS, PEDIMOS PERDÓN, DAMOS GRACIAS.

INVOCAMOS A MARÍA NUESTRA MADRE ¿QUÉ LE DECIMOS?

NOS DIRIGIMOS AL PADRE CON LAS PALABRAS DE JESÚS. PADRE NUESTRO…

CANTAMOS

Sí, me levantaré

               Sí, me levantaré,/volveré junto a mi padre.

A Ti, Señor, elevo mi alma,/Tú eres mi Salvador.

Mira mi angustia, mira mi pena,/dame la gracia de tu perdón.

Mi corazón busca tu Rostro;/oye mi voz, Señor, ten piedad.

A Ti, Señor, te invoco y te llamo,/Tú eres mi roca, oye mi voz.

No pongas fin a tu ternura,/haz que me guarde siempre tu Amor.

Sana mi alma y mi corazón,/porque pequé Señor contra Ti.

Piedad de mí, oh Dios de ternura/sana mi alma, oh Salvador.

Tú sabes bien Señor mis pecados/ante tus ojos todos están.

Como el vigía espera la aurora,/así mi alma espera al Señor.

Vuelve Señor, vuelve a nosotros/somos tus hijos, tennos piedad.

Abre mis labios para cantarte,/dame el gozar de la libertad.

Feliz el hombre a quien Dios perdona,/todas sus faltas, todo su error.

Aunque mis padres me abandonaran,/me acogería siempre mi Dios.

Tú mi alegría, Tú mi refugio,/todos los santos te cantarán.

Mi corazón te canta y exulta,/te alabaré por la eternidad.

               https://www.youtube.com/watch?v=vN9ebr1GI_g


martes, 19 de marzo de 2019

POESÍA: Transfigúrame


Reza y Comparte
POESÍA
Hoy, en esta semana del domingo
de la Transfiguración, te presentamos la poesía de Gerardo Diego, poeta español.


Transfigúrame… (Gerardo Diego)  (fragmento)
Transfigúrame, Señor, transfigúrame.
Quiero ser tu vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla.
Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de ti en tu gloria traspasado.
Mas no a mí solo,
purifica también
a todos los hijos de tu Padre
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el Padrenuestro.
Si acaso no te saben, o te dudan
o te blasfeman, límpiales el rostro
como a ti la Verónica;
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, como yo te veo.
Que todos puedan, en la misma nube
que a ti te envuelve,
despojarse del mal y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí, con todos ellos, transfigúrame.


ACCIÓN

El deseo de transfiguración le lleva a expresiones hermosas y reflexivas de creyente. Nos puede servir de oración.
“Despojarse del mal y revestirse de su figura vieja y en ti transfigurada…”
Oramos…

sábado, 16 de marzo de 2019

AGUARDAMOS UN SALVADOR

REZA Y COMPARTE  JUVENIL 
AGUARDAMOS UN SALVADOR

GUÍA DE ORACIÓN JUVENIL  17-03-19

GUÍA: Vamos a entrar a nuestro  interior. El ruido, las cosas nos distraen  Queremos ir con Jesús al encuentro del Padre. Nos unimos a su oración. Intentamos conocer más a Jesús y su relación con Dios. Contemplamos el encuentro y acogemos su presencia a la vez que la agradecemos. SILENCIO CONTEMPLATIVO, DE FE Y AMOR SINCERO.

 De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3,17–4,1):

Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

GUÍA:  La espera y esperanza de Cristo transforman la vida de los creyentes. Viene como salvador, y  transforma la vida con su gloria. Nos visualizamos rodeados por su poder salvador. Agradecemos su búsqueda  de la humanidad para transformar el pecado en perdón, la oscuridad en luz. SILENCIO DE ENCUENTRO, CONFIANZA Y DE LUZ.

Del santo evangelio según san Lucas (9,28b-36):

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. 


GUÍA: Nos encontramos con Jesús en su oración al Padre. Oímos la voz del Padre que nos quiere oyentes y obedientes a su Hijo amado Jesús.  Agradecemos su manifestación, su amor a Jesús y a la humanidad, su gloria manifestada   y de los oyentes de su Hijo amado.Recibimos su amor, su gloria, manifestada también hoy para nosotros. Gracias, Padre, por tu presencia en Jesús, por tu presencia en nuestra oración. SILENCIO DE ADMIRACIÓN, DE AGRADECIMIENTO, DE ESPERANZA

RECOGEMOS NUESTRA ORACIÓN EN UNA FRASE PARA RECORDAR.

AGRADECEMOS, ALABAMOS, PEDIMOS, OFRECEMOS

INVOCAMOS A MARÍA NUESTRA MADRE

NOS DIRIGIMOS AL PADRE CON LA ORACIÓN DE JESÚS: PADRE NUESTRO

CANTAMOS:

Camina, pueblo de Dios./Camina, pueblo de Dios.
Nueva ley, Nueva Alianza/ en la Nueva Creación.
Camina, pueblo de Dios./ Camina, pueblo de Dios.

Mira allá en el Calvario,/en la roca hay una cruz.
Muerte que engendra la vida,/nuevos hombres, nueva luz.
Cristo nos ha salvado/ con su muerte y resurrección.
Todas las cosas renacen/ en la nueva creación.

Camina, pueblo de Dios...

Cristo toma en su cuerpo/ el pecado, la esclavitud.
Al destruirlos nos trae/ una nueva plenitud.
Pone en paz a los hombres,/ a las cosas y al Creador.
Todo renace a la vida/ en la nueva creación.

Camina, pueblo de Dios...

Cielo y tierra se abrazan,/ nuestra alma halla el perdón.
Vuelven a abrirse los cielos/ para el hombre pecador.
Israel peregrino, /vive y canta tu redención.
Hay nuevos mundos abiertos/ en la nueva creación.




martes, 5 de marzo de 2019

CUARESMA, PAPA FRANCISCO

REZA Y COMPARTE JUVENIL
MENSAJE CUARESMA, PAPA FRANCISCO
             “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”
Hace una llamada a la conversión mediante el ayuno, la oración y la limosna.
“Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que ‘será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios’. No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales”.
Un fragmento para leer, reflexionar, rezar (interiorizar, observar, invocar a Dios, decidir junto con Jesús y el Espíritu)
2. La fuerza destructiva del pecado
Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.
Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.
Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.
El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.
Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.
3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón