REZA Y
COMPARTE JUVENIL
TEMA J,
100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES, 2
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Uno en Cristo, unidos en la misión
La 100ª Jornada Mundial de Misiones
en la Iglesia Católica, nos ayuda a recordar la finalidad de nuestra fe,
nuestro Bautismo, la unión con Cristo. Somos uno con Cristo y tenemos que
actualizarlo cada día. Agradecemos al Papa León sus palabra y entusiasmo en el
mensaje. Ellas nos ayudarán a profundizar más en la fe y en la misión
compartida. ¿Qué frases te gustan más?
…
Por eso, la primera
responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual
y fraterna entre sus miembros. En muchas situaciones asistimos a
conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando
esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio. La misión
evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere
ante todo corazones
reconciliados y deseosos de comunión. En esta perspectiva, será importante
intensificar el
compromiso ecuménico con todas las Iglesias cristianas, aprovechando también las
oportunidades que brinda la celebración conjunta del 1700° aniversario del Concilio de
Nicea.
Por último
—pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el
Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida
personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que
podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20).
Esto será posible
en la escucha
constante de su Palabra y en la gracia de los sacramentos, para ser piedras vivas de
la Iglesia, llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano
II y del posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco.
De hecho, como afirma san Pablo, «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como
Señor» (2 Co 4,5). Reitero, por tanto, las palabras de san Pablo VI: «No hay
evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las
promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhort.
ap. Evangelii nuntiandi, 22). Este proceso de auténtica evangelización
comienza en el corazón de cada cristiano para extenderse a toda la humanidad.
Por lo tanto,
cuanto más
unidos estemos en Cristo, tanto más podremos cumplir juntos la misión que Él nos
confía.
2. Unidos en la
misión. Para que el mundo crea en Cristo Señor
La unidad de los
discípulos no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Jesús lo
afirma con claridad: «Para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21).
Es en el testimonio
de una comunidad
reconciliada, fraterna y solidaria donde el anuncio del Evangelio
encuentra toda
su fuerza comunicativa.
En esta
perspectiva, vale la pena recordar el lema del beato Paolo Manna: “Toda la Iglesia
para la conversión de todo el mundo”. Este expresa sintéticamente el ideal que
animó la fundación, en 1916, de la Pontificia Unión Misional. A ella, en su
110.º aniversario, le expreso mi reconocimiento y mi bendición por su compromiso de
animar y formar el espíritu misionero de los sacerdotes, las personas
consagradas y los fieles laicos, favoreciendo la unión de todas las fuerzas
evangelizadoras. De hecho, ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión;
todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo
confía a su Iglesia. Como ha recordado en varias ocasiones el Papa
Francisco, el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria,
sinodal.
Por eso, estar unidos en la
misión significa custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y
colaboración misionera. Al crecer cada día en esta actitud, aprendemos
con la
gracia divina a mirar cada vez más a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a
reconocer con alegría el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a
acoger la diversidad como riqueza, a llevar las cargas los unos de los otros y
a buscar
siempre la unidad que viene de lo Alto. De hecho, todos tenemos juntos una
sola misión recibida de «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo
[...] un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y
está en todos» (Ef 4,5-6). Esta espiritualidad constituye la forma cotidiana
del discipulado misionero. Nos ayuda a recuperar una visión universal
de la misión
evangelizadora de la Iglesia, superando la fragmentación de los
esfuerzos y las divisiones facciosas —“de Pablo”, “de Apolo”— entre los
seguidores del único Señor (cf. 1 Co 1,10-12).
ACCIÓN:
Todos unidos para anunciar a Jesús que
está con nosotros y nos empuja a darlo a conocer. Le pedimos que seamos
comprometidos y responsables en esta tarea. Discípulos misioneros que aprenden
y comparten la fe, el amor y la
esperanza. Forma un grupo para que juntos realicéis la tarea.¡Suerte! ¿Te gusta?


















