REZA Y
COMPARTE
VIVIMOS
PARA EL SEÑOR
GUÍA DE
ORACIÓN J 13-09-26, XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
GUÍA: Abrimos nuestras puertas al
silencio, a la reflexión, al encuentro con el Padre Dios, con los hermanos y
con nosotros mismos. Un rato de perdón total dado y recibido. En la presencia
del Señor, nos llegará la libertad. Abramos el corazón a la paz y la alegría.
SILENCIO DE PRESENCIA, ENCUENTRO, PERDÓN.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):
Ninguno de
nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos
para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte
somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y
muertos.
GUÍA: Jesús Señor de vivos y muertos. En
su presencia nos sentimos hermanos, perdonados y amados. Aquí nace la libertad.
Espíritu Santo, confiamos en tu amor, tu libertad para alcanzar la verdadera
libertad cada día, en el aquí y ahora. Agradecemos la vida pasada, los pasos
dados y compartidos en la verdad y el amor. SILENCIO DE ESTAR, DE
COMPRENDER, DE AGRADECER.
SALMO
Sal
102,1-2.3-4.9-10.11-12
R/. El Señor
es compasivo y misericordioso,
lento a la
ira y rico en clemencia
Bendice,
alma mía, al Señor,
y todo mi
ser a su santo nombre.
Bendice,
alma mía, al Señor,
y no olvides
sus beneficios. R/.
Él perdona
todas tus culpas
y cura todas
tus enfermedades;
él rescata
tu vida de la fosa
y te colma
de gracia y de ternura. R/.
No está
siempre acusando
ni guarda
rencor perpetuo;
no nos trata
como merecen nuestros pecados
ni nos paga
según nuestras culpas. R/.
Como se
levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta
su bondad sobre sus fieles;
como dista
el oriente del ocaso,
así aleja de
nosotros nuestros delitos. R/.
Lectura
del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):
En aquel
tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende,
¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le
contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a
propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar
las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que
debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo
vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara
así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia
conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo
dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró
a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo
estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a
sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él
se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus
compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su
señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado!
Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también
tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor,
indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo
hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su
hermano.»
GUÍA: Perdón por parte del Padre, perdón
por parte de los demás, perdón por nuestra parte y vendrá la paz y la libertad.
Nos situamos en este clima de presencia pacificada y compartida. Agradecemos y caminamos
juntos hacia la libertad. La gracia y el amor del Padre nos transforma en
pacificadores de la vida de cada día. SILENCIO DE CONOCIMIENTO, ADHESIÓN, DE
CAMINO.
RECOGEMOS
LOS PENSAMIENTOS, LOS SENTIMIENTOS VIVIDOS. LOS OFRECEMOS AL ESPÍRITU PARA QUE
LOS HAGA REALIDAD.
INVOCAMOS
A MARÍA Y LA ACOMPAÑAMOS EN SU CAMINO. HABLAMOS CON ELLA.
NOS
DIRIGIMOS AL PADRE AGRADECIENDO EL REGALO DE SU HIJO Y CON ÉL DECIMOS
PAUSADAMENTE: PADRE NUESTRO…
CANTAMOS:
Canto a la libertad.



















