REZA Y
COMPARTE JUVENIL
LEVADURA
GUÍA DE
ORACION 19-07-26 XVI
Domingo del Tiempo Ordinario
GUÍA: Estamos en el grupo de gente que
escucha a Jesús. Oímos lo que dice. Vamos a preparar el corazón para que reciba
la Palabra con interés y amor. Vemos nuestro corazón dispuesto a recibirla y
hacer que dé fruto. Le pedimos a Jesús nos enseñe cómo llevarla a la práctica.
El reino de los cielos es comparado con la semilla, la mostaza, la
levadura. Al introducirse en la tierra y en la masa cambia todo y da fruto.
SILENCIO DE RECONOCIMIENTO, AMBIENTACIÓN, ENCUENTRO.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,26-27):
El Espíritu
viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que
nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos
inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu,
y que su intercesión por los santos es según Dios.
GUÍA: Nos unimos al Espíritu para que
nuestra oración sea filial y rica en apertura. Le pedimos nos enseñe a orar,
como él quiere. Que estemos listos para
conocer sus llamadas y clamor hacia el Padre. SILENCIO DE ESCUCHA, DE FE Y
DE MUCHA ESPERANZA.
SALMO
Sal
85,5-6.9-10.15-16a
R/. Tú, Señor, eres bueno y
clemente
Tú, Señor,
eres bueno y clemente,
rico en misericordia, con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica. R/.
Todos los
pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.» R/.
Pero tú,
Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. R/.
Lectura
del santo evangelio según san Mateo (13,24-43):

En aquel
tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se
parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la
gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena
semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha
hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero
él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el
trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a
los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y
el trigo almacenadlo en mi granero.»»
Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de
mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas,
cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que
las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una
mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía
nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo
parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a
decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el
campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son
los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha
es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la
cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus
ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los
arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga
oídos, que oiga.»
GUÍA: Un enemigo echó cizaña en medio del
trigo. Cuando apareció, le dijeron: ¿Quieres que la quitemos?.
El prefirió
que crecieran juntos. A la hora de la siega las separéis. El señor espera y al
final se separarán. Es un tiempo de convivencia y de oportunidad. Visualizamos
las escenas y nos reconocemos entre la cizaña o el buen trigo. SILENCIO DE
REFLEXIÓN, DE ORACIÓN, DE ACCIÓN.
REPASAMOS
LOS PENSAMIENTOS, LOS SENTIMIENTOS VIVIDOS. LOS OFRECEMOS AL ESPÍRITU PARA QUE
TRANSFORME LA REALIDAD.
INVOCAMOS
A MARÍA QUE NOS ACOMPAÑE EN SU CAMINO DEL DÍA. HABLAMOS CON ELLA.
NOS
DIRIGIMOS AL PADRE AGRADECIENDO SU PRESENCIA
Y CON JESÚS DECIMOS PAUSADAMENTE: PADRE NUESTRO…
CANTAMOS:



















