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viernes, 8 de abril de 2022

CONDICIÓN DE ESCLAVO

 REZA Y COMPARTE JUVENIL

CONDICIÓN DE ESCLAVO

GUÍA DE ORACIÓN JUVENIL , 10 de abril de 2022 Domingo de Pasión - Ciclo C

GUÍA: Tomaste condición de esclavo. El pecado del mundo cayó sobre ti. Llegaste a ser varón de dolores. Te acompañamos en tu pasión, Te pedimos perdón por nuestro pecado. Adoramos tu presencia y nos acogemos en tu misericordia. Contemplamos. SILENCIO DE ADMIRACIÓN, CONTEMPLACIÓN, PERDÓN.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

GUÍA: Humillado, no te echaste para atrás. Avanzaste hasta el Calvario y abatido caíste como grano en el surco de la tierra. Te damos gracias por tu entrega, por lavar nuestras culpas, por amarnos tan generosamente. Toma nuestra vida y cámbiala, purifícala, transfórmala. SILENCIO DE ENTREGA, DE APERTURA, DE UNIÓN.

Evangelio según  san Lucas (22,14–23,56):

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre.

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos

al César, y diciendo que él es el Mesías rey».

C. Pilatos le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. El le responde:

+ «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.

Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,

que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.

Pilato entregó a Jesús a su voluntad

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.

Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: "Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes: "Caed sobre nosotros", y a las colinas: "Cubridnos"; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le dijo:

+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo».

GUÍA: Tu pasión nos sobrecoge. Nos sentimos culpables y necesitamos tu perdón, el perdón del Padre, el perdón del Espíritu. Te pedimos la paz, la solidaridad, el encuentro contigo y con nosotros mismos. Tu muerte se transforma en resurrección. Conviértenos a ti. Enséñanos a caminar contigo. SILENCIO DE CERCANÍA, DE PERDÓN, DE MISERICORDIA.

 ¿QUÉ NOS ATRAE  EN LA ORACIÓN? BUSCAMOS UNA FRASE.

BUSCAMOS PAZ, CONCORDIA, PERDÓN.

DE MARÍA APRENDEMOS A GUARDARLO EN EL CORAZÓN.

INVOCAMOS AL PADRE SINTIÉNDONOS HIJOS: PADRE NUESTRO…

CANTAMOS:

Hacia ti morada santa/ Hacia ti tierra de salvación/Peregrinos, caminantes/ Vamos hacia ti

-Venimos a tu mesa/ Sellaremos tu pacto/Comeremos tu carne/Tu sangre nos limpiará

-Reinaremos contigo/ En tu morada santa/Beberemos tu sangre/ Tú fe nos salvará

´-Somos tu pueblo santo, que hoy camina unido/Tú vas entre nosotros, tú amor nos guiará.

Tú eres el camino, tú eres la esperanza/Hermano de los pobres, amén, aleluya

https://www.youtube.com/watch?v=pabhzjWsq7A

sábado, 27 de octubre de 2018

¡ERES MI HIJO!

REZA Y COMPARTE JUVENIL

¡ERES MI HIJO!

GUÍA DE ORACIÓN JUVENIL 28-10-18

GUÍA: Ven, Espíritu Divino, envía un rayo de tu luz sobre nosotros. En nuestro interior, te recibimos, te reconocemos, te adoramos. Gracias por tu presencia en nosotros. te visualizamos unido a nuestro ser y haciendo en todo momento hijos de Dios. Haznos fuertes en la fe, seguros en la esperanza, alegres en el amor. (Hacemos nuestra esta oración y cada uno de sus sentimientos). SILENCIO DE CONTEMPLACIÓN, DE PETICIÓN, CRECIMIENTO

De la carta a los Hebreos (5,1-6):

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»


GUÍA: Jesús Hijo del Padre, sacerdote eterno, escogido para representarnos ante Dios. Ofreces dones y sacrificios por nosotros. Comprendes nuestra ignorancia y extravíos. Te vemos adorador del  Padre  y ofrenda para los hermanos. Confiamos en tu presencia a favor de cada uno de nosotros. Te acogemos y alabamos. SILENCIO DE UNIÓN, AGRADECIMIENTO, ALABANZA.

Del santo evangelio según san Marcos (10,46-52):

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


GUÍA: Ten compasión de mí, dice el ciego Bartimeo. Nuestra voz se levanta hoy para decirlo por nosotros  y por la humanidad. Ten compasión de la humanidad, caída en tanto dolor y pesar. Sálvanos de tantas ataduras y cegueras. Lo repetimos con sinceridad y con fe. Las descubrimos en nosotros y alrededor. Como Bartimeo, podemos ver y ser curados. Estamos ante Jesús y nos sentimos tocados por él. Escuchamos: Anda, tu fe te ha curado. SILENCIO DE PRESENCIA, FE, PETICIÓN

 HACEMOS SÍNTESIS DE NUESTRA ORACIÓN: UNA FRASE PARA REPETIR

ADORAMOS, AGRADECEMOS, PEDIMOS PERDÓN, OTRAS PETICIONES

INVOCAMOS A MARÍA QUE NOS ACOMPAÑE EN EL CAMINO.

ORAMOS AL PADRE CON JESÚS: PADRE NUESTRO…

CANTAMOS  SALMO 125

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,/nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,/la lengua de cantares. R/.

Hasta los gentiles decían:/ «El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,/y estamos alegres. R/.

Que el Señor cambie nuestra suerte,/como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas/cosechan entre cantares. R/.

Al ir, iba llorando,/llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,/trayendo sus gavillas. R/.