DOMINGO
DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
GUÍA
ORACIÓN J 29-03-26 Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
GUÍA: Hoy Domingo de Ramos. Dia en que
Jesús entra en Jerusalén montado en un borrico y los discípulos con la gente le
aclaman como rey. De la estirpe de David cumple la promesa hecha a David. Las
aclamaciones se extienden y es un día de gloria. La liturgia presenta también
la Pasión. Se ve cuan poco duró la gloria y es condenado a muerte. Estamos como
participantes del gozo y también de la muerte. SILENCIO DE ADMIRACIÓN DE
AMBAS REALIDADES, LAS CONTEMPLAMOS Y NOS SENTIMOS PERSONAJES ACTIVOS. ¿DÓNDE
NOS ENCONTRAMOS?
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):
Cristo, a
pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al
contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por
uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó
sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre
de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda
lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
GUÍA: Se rebajó hasta someterse incluso a
la cruz. Ofrece su sacrificio al Padre y
él lo eleva por encima de todo lo creado. Pedimos el don de la fe y acogemos a
Jesús, hermano nuestro, y don de reparación de todos los pecados. Con toda la
humanidad elevamos nuestra oración al Padre, al Hijo y al Espíritu. SILENCIO
DE DOLOR POR LAS CULPAS Y OMISIONES, DE AGRADECIMIENTO, Y DE GLORIA POR SU
VICTORIA SOBRE LA MUERTE.
SALMO
Sal
21,8-9.17-18a.19-20.23-24
R/. Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme, se
burlan de mí,
hacen
visajes, menean la cabeza:
«Acudió al
Señor, que lo ponga a salvo;
que lo
libre, si tanto lo quiere.» R/.
Me acorrala
una jauría de mastines,
me cerca una
banda de malhechores;
me taladran
las manos y los pies,
puedo contar
mis huesos. R/.
Se reparten
mi ropa,
echan a
suertes mi túnica.
Pero tú,
Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía,
ven corriendo a ayudarme. R/.
Contaré tu
fama a mis hermanos,
en medio de
la asamblea te alabaré.
Fieles del
Señor, alabadlo;
linaje de
Jacob, glorificadlo;
temedlo,
linaje de Israel. R/.
Pasión de
nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26,14–27,66):
C. En aquel
tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y
les propuso:
S. «¿Qué
estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
C. Ellos se
ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión
propicia para entregarlo.
C. El primer
día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. -«¿Dónde
quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él
contestó:
+ «Id a la
ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca;
deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
C. Los
discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al
atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «Os
aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos,
consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Soy yo
acaso, Señor?»
C. Él
respondió:
+ «El que ha
mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se
va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del
hombre!; más le valdría no haber nacido.»
C. Entonces
preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo
acaso, Maestro?»
C. Él
respondió:
+ «Tú lo has
dicho.»
C. Durante
la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo:
+ «Tomad,
comed: esto es mi cuerpo.»
C.. Y,
cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:
+ «Bebed
todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para
el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid,
hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.»
C. Cantaron
el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces
Jesús les dijo:
+ «Esta
noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: «Heriré al pastor, y
se dispersarán las ovejas del rebaño.» Pero cuando resucite, iré antes que
vosotros a Galilea.»
C. Pedro
replicó:
S. «Aunque
todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le
dijo:
+ «Te
aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»
C . Pedro le
replicó:
S. «Aunque
tenga que morir contigo, no te negaré. »
C. Y lo
mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces
Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ «Sentaos
aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y,
llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a
angustiarse. Entonces dijo:
+ «Me muero
de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y,
adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre
mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que
yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Y se
acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No
habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la
tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo
se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre
mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.»
C. Y, viniendo
otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de
nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a
sus discípulos y les dijo:
+ «Ya podéis
dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser
entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me
entrega.»
C. Todavía
estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un
tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que
yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después
se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve,
Maestro!»
C. Y lo
besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a
qué vienes?»
C. Entonces
se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban
con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado
del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ «Envaina
la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a
mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero
entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.»
C. Entonces
dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis
salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba
en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.»
C. Todo esto
ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento
todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo
llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los
escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo
sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba
aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso
testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar
de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos,
que dijeron:
S. «Éste ha
dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.»»
C. El sumo
sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No
tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero
Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te
conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le
respondió:
+ «Tú lo has
dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está
sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces
el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha
blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
¿Qué decidís?»
C. Y ellos
contestaron:
S. «Es reo
de muerte.»
C. Entonces
le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo:
S. «Haz de
profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»
C. Pedro
estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También
tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo
negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé
qué quieres decir.»
C. Y, al
salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Éste
andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez
negó él con juramento:
S. «No
conozco a ese hombre.»
C. Poco
después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro;
tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces
él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:
S. «No
conozco a ese hombre.»
C. Y en
seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes
de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró
amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces Judas, el traidor,
al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las
treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. «He
pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero
ellos dijeron:
S. «¿A
nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él,
arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos
sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. «No es
lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
C. Y,
después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para
cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de
Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las
treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los
hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había
ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le
preguntó:
S. «¿Eres tú
el rey de los judíos?»
C. Jesús
respondió:
+ «Tú lo
dices.»
C. Y,
mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada.
Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes
cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no
contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la
fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había
entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo
Pilato:
S. «¿A quién
queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»
C. Pues
sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el
tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te
metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.»
C. Pero los
sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto
de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál
de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos
dijeron:
S. «A
Barrabás.»
C. Pilato
les preguntó:
S. «¿Y qué
hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C.
Contestaron todos:
S. «Que lo
crucifiquen.»
C. Pilato
insistió:
S. «Pues,
¿qué mal ha hecho?»
C. Pero
ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Que lo
crucifiquen!»
C. Al ver
Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto,
tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:
S. «Soy
inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el
pueblo entero contestó:
S. «¡Su
sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces
les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y
reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo desnudaron y le pusieron un
manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la
cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la
rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S. «¡Salve,
rey de los judíos!»
C. Luego le
escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada
la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que
llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir:
«La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no
quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a
suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un
letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» Crucificaron
con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban
lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. «Tú que
destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres
Hijo de Dios, baja de la cruz.»
C. Los sumos
sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:
S. «A otros
ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de
la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que
lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
C. Hasta los
bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta
la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde,
Jesús gritó:
+ «Elí, Elí,
lamá sabaktaní.»
C. (Es
decir:
+ «Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
C. Al oírlo,
algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. «A Elías
llama éste.»
C. Uno de
ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y,
sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:
S. «Déjalo,
a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio
otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Todos se
arrodillan, y se hace una pausa
C. Entonces,
el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las
rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían
muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron
en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que
custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron
aterrorizados:
S.
«Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había
allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a
Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la
madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos. Al anochecer, llegó un
hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste
acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo
entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia,
lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra
grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María
se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado
el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los
fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor,
nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: «A los tres
días resucitaré.» Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer
día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: «Ha
resucitado de entre los muertos.» La última impostura sería peor que la
primera.»
C. Pilato
contestó:
S. «Ahí
tenéis la guardia. Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.»
C. Ellos
fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del
sepulcro.
GUÍA: Estamos en la lectura de la Pasión
según San Mateo. La gloria de la entrada a Jerusalén se ha pasado y después de
la institución de la Eucaristía Jesús sale para el Huerto de los Olivos. Se
sucede el Prendimiento, el juicio, las burlas, la condena, la muerte. Le
acompañamos en el camino del Calvario y
nos sentimos pecadores arrepentidos de nuestros pecados. SILENCIO DE
COMPASIÓN, PERDÓN, GRACIAS.
RECOGEMOS
NUESTROS SENTIMIENTOS, NUESTRA FE, ARREPENTIMIENTO. PEDIMOS PERDÓN POR NUESTROS
PECADOS Y LOS DE TODO EL MUNDO.
ACOMPAÑAMOS
A MARÍA QUE SUFRE CON JESÚS Y SE UNE A LA REDENCIÓN.
PRESENTAMOS
AL PADRE, EL SACRIFICIO DE JESÚS. AGRADECEMOS EL PERDÓN PARA TODOS.
CANTAMOS
DOLOROSA

DOLOROSA,
DE PIE JUNTO A LA CRUZ,
TÚ CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE,
TÚ CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE.
1. Dolor de los cuerpos que sufren enfermos,
El hambre de gentes que no tienen pan,
Silencio de aquellos que callan por miedo,
La pena del triste que está en soledad.
2. El drama del hombre que fue marginado,
Tragedia de niños que ignoran reír,
La burda comedia de huecas promesas,
La farsa de muertos que deben vivir.
3. Dolor en los hombros sin tregua oprimidos,
Cansancio de brazos en lucha sin fin,
Cerebros lavados a base de “slogans”,
El rictus amargo del pobre infeliz.
4. El llanto de aquellos que suman fracasos,
La cruz del soldado que mata el amor,
Pobreza de muchos sin libro en las manos,
Derechos del hombre truncados en flor

Domingo de Ramos. Unimos las dos realidades, gloria en la entrada triunfal y dolor por al condena a muerte. Oramos y acompañamos a Jesús y a María con toda la humanidad.
ResponderEliminar"Silencio de aquellos que callan por miedo " Jesús recibe la gloria y también el ultraje unos días más tarde. Daños, Señor valentía en cada momento, para defender el bien y rechazar el mal.
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