REZA Y
COMPARTE JUVENIL
TEMA: DIA
DE LA CREACIÓN, 2
Aquí tenéis un segundo fragmento del
mensaje del Papa.Os gustará.
Es interesante.
MENSAJE
DE SU SANTIDAD PAPA LEÓN XIV
PARA LA
XI JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN 2026
[1 de septiembre de 2026]
«Con sus
espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4)
Sin embargo,
esta promesa de paz contrasta notablemente con las realidades que vemos
en muchas partes del mundo. El profeta Isaías habló de una época en la que las
naciones «con
sus espadas forjarán arados» (Is 2,4), transformando lo que destruye
la vida en
aquello que la sostiene. Pero hoy, frecuentemente somos testigos de lo
contrario, mientras los esfuerzos se siguen centrando en la violencia
y la guerra.
La guerra
deja heridas
que se extienden mucho más allá del campo de batalla. Cobra vidas,
desintegra a las familias y fuerza a millones de personas a abandonar sus
hogares, aumentando el miedo, la injusticia y la división (cf. Gaudium et spes,
77-82). La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura
por generaciones.
Más aún, la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a
menudo crea
círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos
esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos.
Esto genera pobreza,
desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al
resurgimiento de conflictos futuros.
Aparte de
esto, la guerra crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida,
dañando no sólo a individuos y comunidades, sino a su amplia red de
relaciones con la entera familia humana, así como su armonía con la
creación. Esto pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de
vivir a imagen
y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos
ha confiado. No es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual.
La guerra, arraigada
en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye
un antitestimonio
del Evangelio
de la paz.
Las crisis mencionadas anteriormente no sólo exigen
responsabilidad sino también una conversión del corazón que rinda frutos en
una fidelidad
más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la
creación.
De hecho, las discordias que presenciamos en
el mundo, como la violencia, la injusticia y el daño ecológico, no resultan simplemente de
estructuras o sistemas imperfectos; son el “síntoma de una profunda dicotomía
arraigada en la misma humanidad” (Gaudium et spes, 10). En efecto, el corazón humano
resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y
donde se revela nuestra condición caída. No es sólo la sede de las emociones,
sino el centro de la persona —donde convergen la razón, los deseos, la voluntad, y la
conciencia—. Es aquí donde luchamos con nuestros deseos contradictorios
entre el
amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la
injusticia (St 1,14-15). Los daños de la guerra y el deterioro de la
tierra están entonces profundamente vinculados con la condición del corazón humano.
Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión
exterior de la discordia y división interiores. Cuando el corazón
está distorsionado,
las relaciones
sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese
desorden.
ACCIÓN:
Reflexionamos, vemos las consecuencias de la guerra.
¿Y nuestras guerras?

